El cabrito en Nuevo León es mucho más que un simple platillo. Para los regios, es parte de su identidad, tradición y orgullo. En cada reunión familiar, fiesta o visita a un restaurante de prestigio, este alimento se coloca en el centro de la mesa como símbolo de pertenencia.
Pero, ¿alguna vez te has preguntado por qué en Nuevo León se come cabrito y no otro tipo de carne? La respuesta no solo está en su sabor, sino en una historia que mezcla herencia cultural, adaptación al clima árido y un ingenio culinario que ha trascendido generaciones.
Hoy, el cabrito sigue siendo la carta fuerte de muchos restaurantes, pero también se mantiene como un recuerdo de la vida hogareña de antaño. Esa que lo vio nacer como comida familiar y lo transformó en un manjar de alta cocina.
Su Origen Judío Y Adaptación Al Norte De México
La historia del cabrito en la región se remonta a más de 450 años, en tiempos del Virreinato. Los primeros pobladores de Monterrey eran en su mayoría de origen judío. Aunque muchos de ellos adoptaron costumbres católicas, conservaron prácticas culinarias muy marcadas.
Entre esas costumbres destacaba el consumo de carnes como borrego, cordero y cabrito. Estas eran preparadas al carbón de mezquite, aderezadas con hierbas como tomillo y orégano. Poco a poco, este estilo de cocina se convirtió en parte del sabor regio.
El clima árido de Nuevo León también favoreció la crianza de cabras. Eso facilitó que el platillo se volviera parte esencial de la dieta y, con el tiempo, se convirtiera en un ícono cultural de la región.
El cabrito no era solo alimento. Era tradición, herencia y una forma de mantener vivas las raíces de quienes llegaron hace siglos. Así comenzó su historia como uno de los platillos más representativos de México.

Cabrito De Hogar A Alta Cocina
El cabrito empezó como un platillo hogareño, preparado en reuniones familiares y celebraciones íntimas. Con el paso del tiempo, la fusión cultural y gastronómica de Monterrey lo llevó a otra dimensión.
Hoy es uno de los platillos más caros y exclusivos en los restaurantes de la ciudad. Un plato individual puede costar 400 pesos o más, dependiendo de la preparación y los acompañamientos.
Ese salto del hogar al restaurante no le quitó su esencia. Al contrario, reafirmó su valor como símbolo regio. Comer cabrito no es solo saciar el hambre, es rendir homenaje a una tradición que ha sobrevivido a generaciones.
Además, cada preparación refleja la creatividad culinaria del norte. En cada bocado se nota la influencia de la historia, la cultura y el orgullo de ser regio.
Diferentes Formas De Preparar El Cabrito En Nuevo León
Lo que hace único al platillo es la variedad de formas en que se puede cocinar. Cada método tiene su propio encanto y su público fiel.
El más representativo es el cabrito al pastor, donde se abre al animal a la mitad y se cocina lentamente con brasas de carbón o leña de mezquite. El resultado es una carne suave por dentro y crujiente por fuera. Se acompaña con tortillas de harina, guacamole, cebolla y salsas.
Otra versión es el cabrito al horno, que produce una carne tierna y jugosa que se desprende del hueso con facilidad. Aunque no es tan popular en restaurantes, sigue siendo una receta muy común en hogares regios.
La fritada de cabrito es quizá la más intensa. Este guiso utiliza la sangre y las vísceras del animal, sazonadas con ajo, cebolla y chile. Es un platillo que demuestra la filosofía de no desperdiciar nada.
Finalmente, está el cabrito en salsa, un estofado con chiles secos como guajillo o ancho. Es ideal para servirse en tacos o junto a arroz y frijoles. Su sabor profundo lo convierte en una opción perfecta para quienes buscan algo diferente.
Cada preparación representa una parte de la identidad de Monterrey. Desde la tradición más rústica hasta la cocina más sofisticada, el cabrito se mantiene como un pilar de la gastronomía local.
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