Mientras la administración de Samuel García presume un estado modelo, el Gobierno de Nuevo León deja a empleadas sin sueldo. Esta crisis de nómina en gobierno estatal de Nuevo León evidencia una enorme hipocresía. Las trabajadoras protestan por sueldos retenidos exigiendo respuestas inmediatas. La falta de sueldos en Secretaría de las Mujeres demuestra que el discurso feminista del estado de NL es una absoluta farsa.
El gobierno estatal deja a empleadas sin sueldo
La administración de Samuel García presume un estado de vanguardia financiera. Sin embargo la realidad expone una cruel paradoja gubernamental. Unas cuarenta y seis trabajadoras enfrentan severos problemas de liquidez económica diaria.
Ellas laboran bajo la modalidad de honorarios profesionales. Estas mujeres prestan servicios vitales como trabajadoras sociales y psicólogas. También asisten legalmente a la ciudadanía en las dependencias estatales.
El panorama resulta indignante para estas servidoras públicas. Los primeros cuatro meses sufrieron pagos desfasados y retrasos continuos. Ahora acumulan dos meses completos sin recibir un solo peso.
La crisis administrativa asfixia a empleadas sin sueldo
Las afectadas están adscritas a la Dirección de Atención Integral. Esta área pertenece a una subsecretaría de la administración estatal. El trabajo diario continúa mientras sus cuentas bancarias permanecen vacías.
Inicialmente el gobierno estatal implementó algunas medidas temporales. Las autoridades otorgaron facilidades de trabajo remoto y apoyos para transporte. Estas acciones buscaron calmar la inconformidad inicial por los retrasos.
Pronto el gobierno retiró estos beneficios de compensación básica. La falta de depósitos en los meses de marzo y abril agravó el problema. Estas mujeres enfrentan una precarización laboral impulsada por sus jefes.

Funcionarios ignoran a las más de 40 empleadas
Las profesionistas exigen respuestas claras sobre el presupuesto asignado. Graciela Buchanan encabeza esta dependencia que hoy ignora los reclamos. La opacidad administrativa reina en el manejo de los recursos públicos.
Las trabajadoras solicitan explicaciones sobre sus honorarios retenidos injustamente. Las autoridades estatales responden con evasivas o simplemente guardan absoluto silencio. Este maltrato institucional vulnera los derechos laborales fundamentales.
Esta situación exhibe la enorme hipocresía del mandatario estatal. El discurso oficial defiende la protección de los derechos femeninos siempre. La realidad muestra una maquinaria gubernamental que explota a las ciudadanas.
Las trabajadoras protestan ante los oídos sordos
Las afectadas perciben un ingreso mensual cercano a los veinticinco mil pesos. Ellas desempeñan funciones críticas en los centros comunitarios estatales. Su labor diaria ayuda a las poblaciones más vulnerables del estado.
Las autoridades exigen que el personal cumpla sus funciones puntualmente. El estado obliga a las mujeres a presentarse a trabajar sin remuneración. El gobierno amenaza veladamente la continuidad laboral de las inconformes.
Esta presión constante genera un profundo daño psicológico. Las quejosas denuncian que la falta de liquidez destruye su estabilidad emocional. El gobierno actúa como un patrón abusivo que ignora la ley vigente.

El estado exige más trabajo sin darles nada a cambio
Las servidoras públicas solicitan la intervención urgente de las autoridades. Ellas demandan la pronta regularización de sus ingresos retenidos. Estas profesionales merecen condiciones laborales dignas y apegadas a derecho.
Resulta alarmante que esto ocurra en instituciones creadas para proteger. Una dependencia que debe velar por mujeres violenta económicamente a su personal. La ironía revela las verdaderas prioridades de la actual administración estatal.
El gobierno debe pagar el trabajo realizado inmediatamente sin excusas. La sociedad civil condena esta miseria administrativa y la negligencia gubernamental. Samuel García no puede gobernar mediante el trabajo gratuito de su gente.
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