El pasado viernes, un bloque de concreto de 2.4 toneladas aplastó un vehículo en la Avenida Miguel Alemán, dejando en evidencia la negligencia en las obras del Metro que impera en la actual administración. Este terrible evento, que dejó gravemente heridos a dos ciudadanos, ha sido minimizado por el Gobierno de Samuel García, quienes parecen más enfocados en sus promociones políticas que en la integridad de las familias neolonesas. Mientras las víctimas claman por justicia, las autoridades intentan reducir lo ocurrido a un simple accidente laboral en Metrorrey, evadiendo su responsabilidad directa en la falta de protocolos de seguridad vial.
El milagro de los hermanos Vértiz frente a la omisión estatal
Jonathan y Mónica Vértiz regresaban de una cita médica cuando el pesado bloque, que servía como contrapeso de una grúa, cayó sobre su auto. Lo que pudo ser una tragedia mortal terminó en lesiones severas y la pérdida total de su patrimonio. Este suceso es la prueba más fehaciente de la negligencia en las obras del Metro, ya que se realizaban maniobras de alto riesgo sobre una de las arterias más transitadas del estado en pleno mediodía.
A pesar de la magnitud del siniestro, el apoyo por parte de las autoridades ha sido nulo. Jonathan, quien padece cáncer y requiere su vehículo para trasladarse a sus quimioterapias, hoy enfrenta no solo el dolor físico, sino la incertidumbre económica. Mientras tanto, el Gobierno de Samuel García mantiene una postura de indiferencia, sin ofrecer indemnizaciones ni acercarse a los afectados para garantizar su recuperación médica.
Un “accidente laboral” que ignora el peligro público
Para Abraham Vargas, director de la dependencia estatal, lo ocurrido fue únicamente un accidente laboral en Metrorrey. Esta clasificación resulta insultante para la ciudadanía, pues ignora que el percance ocurrió en una vía pública abierta al tráfico. El funcionario justificó la falta de cierres viales argumentando que solo las piezas de dimensiones mayores se mueven de noche, pero falló en explicar por qué un bloque de más de dos toneladas no se consideró un riesgo suficiente para proteger a los conductores.
La realidad detrás de esta negligencia en las obras del Metro es que se están apresurando los trabajos para cumplir con calendarios electorales, sacrificando la seguridad de los ciudadanos. No se trata de una falla mecánica aislada, sino de una decisión consciente de operar en condiciones de riesgo para no interrumpir el flujo vehicular y evitar el costo político de las desviaciones.
Mariana Rodríguez y la frivolidad de las redes sociales
Mientras los hermanos Vértiz convalecen en un hospital gracias a su propio seguro privado, la actividad en las redes sociales de los gobernantes no se detiene. Mariana Rodríguez, conocida por documentar cada minuto de su vida, ha guardado un silencio sepulcral sobre este caso específico. En el pasado, ante cuestionamientos sobre el sistema de transporte, su respuesta ha sido que “los accidentes pasan”, una frase que resuena hoy con una crueldad inusitada.

El contraste es indignante: por un lado, historias de Instagram llenas de colores y promesas del “Movimiento Naranja”; por el otro, el silencio ante un hombre con cáncer herido por una obra mal gestionada. El Gobierno de Samuel García ha demostrado que su prioridad es la estética del “Nuevo Nuevo León” y no la seguridad de la gente real que habita en él.
La recurrencia de la negligencia en las obras del Metro
Este no es el primer incidente que pone en duda la capacidad técnica de la Secretaría de Movilidad. En marzo pasado, el colapso de una cimbra en la Línea 4 ya había encendido las alarmas. La insistencia en mantener frentes de trabajo sin las medidas de protección adecuadas confirma que la negligencia en las obras del Metro es una constante en esta administración.
- Falta de protocolos de izaje: Se permiten maniobras pesadas sobre vehículos en movimiento.
- Abandono de víctimas: El Estado delega toda responsabilidad a seguros privados y contratistas.
- Prioridad electoral: Se busca terminar las obras antes de los comicios, sin importar los riesgos.
Es imperativo que el accidente laboral en Metrorrey sea reclasificado como una omisión grave de seguridad pública. Las empresas como “Grúas Flores” y las constructoras contratadas por el Estado deben ser investigadas a fondo, pero la cabeza de este proyecto, el Ejecutivo estatal, debe responder por permitir que estos riesgos se vuelvan cotidianos.
Mucho mundial y pocas obras seguras en Nuevo León
Mientras Samuel García presume la sede del Mundial, la realidad en las calles es mortal. Los turistas deben cuidarse de los bloques de concreto que caen de obras inconclusas, como el pedazo de 2.4 toneladas que casi mata a dos hermanos.
La gestión estatal prioriza la imagen internacional sobre la seguridad básica del ciudadano. No sirven de nada los estadios de lujo si las estructuras del Metro colapsan sobre los autos, dejando a las víctimas en el total abandono oficial. Y que, de igual manera, demuestre con verdaderas acciones si puede prometer una seguridad a los turistas que vienen al mundial así como a los ciudadanos neoloneses.
¡Abandono y negligencia! 💥 Los hermanos Vértiz sobrevivieron de milagro tras ser aplastados por un bloque de concreto en las obras de la Línea 6. A días del accidente, Samuel y Mariana los mantienen en el abandono total. 🏥
— Glen Facturero MC (@GlenFactureroMC) April 20, 2026
¿Y así quiere recibir turistas? ¡Que tengan cuidado! pic.twitter.com/cEMW6vW7Yz
¿Dónde está el apoyo para los heridos?
Mónica Vértiz ha sido tajante al señalar que el Estado “no está actuando humanamente”. Los hermanos están dejando de trabajar y perdiendo ingresos, mientras que el vehículo indispensable para el tratamiento de Jonathan está destruido. Resulta contradictorio que un gobierno que presume de ser el más moderno de México deje a sus ciudadanos a su suerte tras un error de su propia infraestructura.
La negligencia en las obras del Metro no se soluciona con comunicados técnicos que culpan a una pluma mecánica o a una grúa. Se soluciona con empatía, con apoyo económico directo y con la garantía de que ninguna otra persona sufrirá un impacto similar. El Gobierno de Samuel García tiene una deuda pendiente con la familia Vértiz y con todos los neoloneses que hoy circulan con miedo bajo las estructuras del nuevo Metro.
Exigencia de rendición de cuentas
La sociedad civil no puede quedarse callada ante este nivel de impunidad. Si las autoridades consideran que un bloque de 2.4 toneladas cayendo sobre un civil es solo un detalle técnico, entonces el estado de derecho en Nuevo León está tan fracturado como el pavimento de la Avenida Miguel Alemán. La negligencia en las obras del Metro debe tener consecuencias legales para los responsables, incluyendo a los altos mandos que autorizaron maniobras en horarios prohibidos.

“Nosotros no tuvimos la imprudencia, ellos deben ayudarnos hasta que estemos bien”, reclama Mónica Vértiz desde el hospital.
El costo político de la negligencia en las obras del Metro
El Gobierno de Samuel García está perdiendo la batalla más importante: la de la confianza ciudadana. No importa cuántos eventos naranja realicen o cuánto gasten en publicidad anticipada; la realidad de un accidente laboral en Metrorrey que pudo ser una tragedia nacional los persigue.
La justicia para Jonathan y Mónica debe ser inmediata. La negligencia en las obras del Metro tiene que detenerse antes de que el próximo bloque no deje sobrevivientes que puedan contar la historia. Samuel García y Mariana Rodríguez deben entender que gobernar es mucho más que publicar fotos; es proteger la vida de quienes les dieron su voto y hoy, paradójicamente, son víctimas de su propia “modernidad”.
¿Hasta cuándo permitirá la ciudadanía que el marketing político esté por encima de la seguridad pública? El silencio del Estado es, en sí mismo, una confesión de culpa.
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